A mi me obligaron

Titulares torticeros

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Querida Figar:

Al principio nos hemos reido mucho con ese dossier chusco que has filtrado sobre los resultados de las pruebas de oposición al cuerpo de maestros de Madrid. Señalas, por ejemplo, que sólo el 1,83% de los opositores sabían las provincias por las que pasan los ríos Ebro, Duero o Guadalquivir o que hubo quien dijo que el gavilán es “un viajero”. Pero mira, ahí te has pillado. En tu esfuerzo para hacer befa de los opositores a interinos de la pública y colar de rondón el subtitular – la noticia de verdad-  “Las erróneas respuestas de algunos opositores al Cuerpo de Maestros de Madrid obliga a la Consejería de Educación a cambiar el baremo de las pruebas” me parece que te has pasado de lista intentando hacer escarnio.

 

Es decir: que para justificar el cambio en la baremación parece que has puesto, seguro que durante unos días, a un grupo de gente de la consejería a pescar en los más de 14.000 exámenes los errores de bulto más ostensibles para encontrar el titular con más gancho para enviar junto con el dossier con el que querías justificar una decisión que ya tenías tomada de forma previa. Veamos: ¿cuántos de los 14.000 dices que dijeron lo del gavilán viajero?: ¿dos? Imagino que me equivocaría prácticamente en el doble, porque ese error, en particular, es tan específico que creo que no me cuelo al señalar que sólo lo habéis detectado en un examen. Como el del que llamó escrúpulo a la salida del sol. Como el que escribió Hurano. Como el que definió como susceptible a “alguien que no es capaz de tocar las algas con las manos”. De toda la vida recuerdo que se ha editado con éxito de ventas en España el best seller “Antología del Disparate” del profesor Luis  Díez Jiménez que, en sucesivas ediciones, ha ido recopilando errores garrafales, buscando las más grandes estupideces cometidas en exámenes de alumnos de bachillerato y universidad. Algunas de ellas, cometidas seguro por licenciados cum laude. Igual alguno de ellos, incluso, puede que haya llegado a ministro –o ministra- de Educación. ¿Te acuerdas de aquello de Sara Mago?. A lo mejor era un bulo, pero que sepas que también fue un gran titular.

 

En lo que nos toca como periodistas, de todos es recordado lo que nos gusta a los plumillas publicar cosas del tipo “Hombre muerde a perro” antes que el mucho más típico y anodino de “perro muerde a hombre”, o esa vieja máxima de “no dejes que la verdad te estropee una noticia”. Has jugado a periodista de colmillo retorcido y, cierto, me creo más que muchos aspirantes a profes no terminen bien el problema de determinar la longitud de una circunferencia –no sé si realmente lo necesitan si aspiran a ser profes de música o de francés – que que no hayan preparado a conciencia sus dotes como maestros, que no son –exactamente- saberse todas las lecciones al dedillo, sino prepararlas, saber enseñarlas y despertar el interés en sus alumnos . Por cierto, que yo también conozco periodistas de carrera acabada que te mandan el mensaje de “haber si nos vemos”. Yo mismo, que creo comunicar razonablemente bien, suelo cometer ostensibles faltas en la puntuación y soy un –ya casi es una de mis señas de identidad- leista incorregible.

 

Desde luego, te confieso, Lucía, que aunque me encanta la cultureta general de los afluentes por la derecha y por la izquierda y la de los reyes godos, para mí es más importante que los profesores de mi hija tengan conocimientos de pedagogía, método y preparación de clases o tengan empatía con los alumnos a que –y lo considero, naturalmente, también importante- que sepan definir correctamente la palabra “coadyuvar” o deletrear “heliotropo”. Un buen profesor, creo, preparará la biografía de Emmanuel Kant antes de darla o se repasará los verbos irregulares, las capitales de África, la tabla periódica de los elementos o el teorema de Rouché-Frobenius –aquel que tanto me costó a mí meterme en la sesera- antes de explicarlo, estoy convencido. Esos son lo que deben aprobar la oposición, no los que se acuerden inmediatamente de las grandes diferencias entre las monocotiledóneas y las dicotiledóneas sin necesidad de repasarlas.

 

Y ahora, por cierto, Figar: te pregunto a ti, -como preguntaría a un político, un banquero, un empresario, un catedrático de universidad o a mí mismo- que me digas así , de corrido, todas las provincias por las que pasa el Ebro. Yo lo hice sobre la marcha el otro día nada más ver la noticia y -¡albricias!- acerté, incluso ordenadas desde Reinosa hasta Tortosa. Pero fue chorra, más por método y afición que por recuerdo o estudio. Y, en confianza,  creo que me valdría más para ir a “Saber y Ganar”, a “Pasapalabra” o a “Cifras y Letras” que para ser profesor de geografía.

 

No nos times, gavilana, que aunque vayas de avezada creadora de titulares, te hemos visto –¡otra vez!- el plumero.

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